Movimiento entre el caos

(notas sueltas)
Ayer dos muertes fueron particulares, hubo muchas más, siempre hay muchas más. Esas particularidades se deben a que ambos hombres eran actores. Uno nacido en una tierra arrasada llena de olvido, tristeza y rabia. Otro nacía con rostro distinto en cada rodaje de Hollywood; este rico, el otro pobre y ambos muertos. Uno suicida (alivio quizá), otro descuartizado (me pregunto dónde está el asombro), la pena enorme y el sinsentido gobernando nuestras médulas.
Tal vez no fue coincidencia que el dolor de espalda hiciera que la sábana y la almohada se convirtieran en víboras inciertas y me despertara en la madrugada de un día triste, como otros días tristes les ahuyentan el sueño a tantos más. En medio del caos –pensaba-, no puedo permitirme abrazarlo para que se apodere de lo único que es mío, eso que comparto con otros: lo incorpóreo, lo no palpable que me vuelve humana, aunque nuestras almas, todas, las de todos, estén acechadas por la violencia, por el dolor.
Esa madrugada el cielo fue bello, naranjas y rosas no piden permiso para fundirse en besos nostálgicos de amaneceres quijotescos. Tanta tristeza se entreteje entre tanta belleza. Es posible el caos y los despertares. Y en tanto, se guarda silencio. Nadie dice nada. Nada nos afecta si procuramos no pronunciar nuestros miedos, aunque los cobijemos debajo de la cama, constantes, o los esperemos en los espacios vacíos que hay entre los muebles.
Muchos enloquecemos un minuto más en este dios tiempo. Tratamos de estar cuerdos para no invocar cánceres, derrames cerebrales o alzhéimeres, otros fantasmas que rodean y se conectan con nuestro cansancio, con nuestras ganas de olvido. Cuando era niña creía que perder la memoria era liberarme del dolor, ahora comprendo que la creencia puede convertirse en ciencia, en enfermedad, en salida de emergencia, pero de ninguna manera cicatriza las heridas.
No estamos tan lejos unos de otros, pero nos ignoramos constantemente. Puedo sentir lo que el otro siente, pero es intenso verlo de frente. Usamos miles de escudos para dar los pasos diarios, solo los necesarios. La protección que nos hemos creado-creído nos hace fuertes para anular los sentidos, esos que nos dicen lo que hay alrededor.
Hay muerte frente a mí, es intenso verla, tan macabra, tan cerca. 

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