Estar en medio
(Relato)
Sentirse en medio de dos extremos
y decidir qué es lo mejor es tarea para titanes de estatura media, si no
pequeña, y de complexión a veces
menguada por las circunstancias. Hablamos de un titán enano, un ser humano. La existencia se debate siempre en escalas de
grises infinitas; sin embargo, coexisten con la naturaleza humana fuerzas
extrañas (simulan lazos de marionetas) que obligan a creer que solo hay negro y
blanco, bueno y malo.
Reducir a mínimas etiquetas un
pensar o un sentir es realmente pobre, por no decir tonto. Jamás podremos adivinar que siente el otro.
No podemos imponer nuestra visión del mundo por mucho que tenga similitudes con
las de otro ser humano o grupos enteros.
Es un error creer que la
comunicación la entendemos claramente. Incluso cuando hablamos de boca en boca
no procesamos todas las palabras ni el lenguaje no verbal.
Ayer que la vi a los ojos, le
mentí a mi mentira. No dije nada. Sostuve la mirada, porque no hay peor y
tumultuosa ola que nos arrastre que soportar la mirada directa de la persona
que crees que te ama y que no puede mentirte, pero que sabes que te miente y
sostiene su mentira.
En el fondo de sus ojos oscuros
vi la entrada al abismo, vi un suicidio anunciado. Era mi cuerpo tirado en
nuestra sala de estar.
He dejado de sentirme parte de
algo. No hay gente como yo. Matemática y socialmente, muchos han dicho que
compartir la vida con más de una persona es imposible. Creo que no saben que de
eso se trata la vida, de encontrar un punto medio entre no olvidar quién eres y
ser automáticamente quien no has querido ser nunca.
Empiezo a creerlo, aunque lo hago desde hace
dos años. No habrá nadie quien entienda
esta situación tan incomprensible. Tan humana, tan frágil y tan fuerte. Tan
amenazadora y tan delirante. Tan hermosa y
tan desafiante.
Un trabajo de titanes enanos, una
forma de vida desafiante… que desafía la propia vida, ese intento de suicidio
que no termina por consumarse mientras respiras.


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