A Elizabeth Bishop


¿Soy capaz de abrazar la soledad?
Sí, lo he sido.
Como cuando quiso confundirse
con aquella que acunó a mi amada
un 26 de enero.

Como aquella que envolvió
a la mujer de mi vida
en una franela azul y cuadros negros,
dejándome trozos en las manos.

Como aquella que no fue desastre
aunque dejó vaciada la existencia
mientras veía fantasmas en cada esquina.

Aquella que rió como hiena
a la espera de que apareciera en mi cuadra
y pudiera verla desde mi ventana.

Soledad... si le temo es por esa necedad
suya de confundirme con vampiro:
demasiada tortura
demasiada ansiedad
demasiadas despedidas
sin que el tiempo muera conmigo
.

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