Puerta 021
no quiere suicidar en silencio
el no-nacido sentimiento
de sentirla respirar en su cuello
mientras ata con los meñiques
una soga absurda de distancia.
El vacío se mueve,
nube de opresión en el pecho.
Ansía la posibilidad,
no más; no hay más.
Es el típico hombre triste
enamorado del viento
de luz
de sombra
de lo finito terminado
de la sonrisa borrosa.
De una atracción instantánea
se envenenó la mirada
se mutiló el olvido
para recordarla.
Ese instante
abrió la puerta
tras la que se esconden
los monstruos perpetuos
que esperan
saciar promesas
incompletas.



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