Circo de arena

(relato) 
Foto: Isai Ramos


Sara no encontró lo que esperaba. Siempre esperaba tantas cosas. Quizá ese universo era invisible a su mirada escrutadora. No había seres fascinantes y deformes, no había gigantes de cristal. Había hogueras llenas de hechiceras calcinadas sin frescura de gotas saladas. No había nómadas con máscaras de la peste ni desnudos gemelos nacidos de relaciones incestuosas. Había arena y viento seco. 

Sara miraba miles de espejismos en ventanas y puertas, y tras las puertas, siempre intuía tentáculos y asesinos con soñadoras sonrisas. Quería encontrar pieles doradas que repitieran orgías. Esperaba los submundos con pólvora en los dedos. Vagaban hienas enflaquecidas. Sara y el alma que la seguía soñaban con un circo rebosante de polimórficas figuras de dioses. 



No hay fetiches repelentes ni atractivos, solo cadáveres de niñas torturadas, carroña para las hienas. Quedaban hermosos hermafroditas escondidos debajo de piedras. Sara es una niña y es probable que no lo sepa. Ignora como olvida las palabras que la nombran y la descubren hacia ella misma y hacia otros que no existen porque el verdoso cielo es veneno y humo. Sueña en medio de recuerdos que no son suyos, espera la pronunciación que iluminará el espacio y a la vieja con su ajado rostro. 

Anhela dioses, de verdad los ansía, quizá por inercia. La fe es vacía cuando la mirada atraviesa muros de seda y concreto. Por ignorancia no se entera de que el escenario que ocupa es solo un lazo tenso hacia un mundo abrumadoramente posible. El circo de arena con laberintos que desaparecen y mutan y que la niña recorría, a veces dando saltitos, era un inmenso desierto que devoraba sueños. 

Sara envejecía y volvía a nacer entre muros. En cada resurgir, las esperanzas que brotaban eran ingeridas por las criaturas que observaban a Sara detrás de las ventanas. Sin lágrimas, la niña-joven-anciana colocaba sus cadáveres en el libro rojo que una vez se regaló a sí misma, el cual guardaría celoso su historia, sus fantasmas, sus miedos sin gritos, los rostros que quería encontrarse, besar y que jamás alcanzaba. 

Comentarios

Entradas populares