Eins


Las monedas cayeron
antes de tocar tu mano
ya muchos lo habían hecho.
Ingenua, comí cristales,
devoré la tarde congelada
y me trague las ganas de llamarte
puta,
la de todos
la menos mía.

El mito erróneo de la Magdalena convertida
repasa en nuestra memoria
la degradación aprendida
de una amante que vale siete veces oro,
porque pacta con su cuerpo
viéndote a los ojos.
...

Asesinamos la imprudencia
después de más de cuatro mil días.
Hoy descubriremos qué develan
nuestras miradas
/ menos ciegas /
para sabernos incondicionales.

(De cifras y lunas)

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