Neun
Quizá
pueda concertar tu nombre e intuir distancias,
los
pretextos inexplicables de nuestra utopía.
Te
escuché recitar azares,
versos
nocturnos,
disfrazar
tragedias terrenales
perpetradas
en tu cuerpo,
lacerantes
rúbricas en cada una de tus existencias.
Te
vi detener olas,
moldear
estalactitas en tus venas
y
firmamentos en mis dedos
Contemplé
a la diosa,
sencilla
niña
envuelta
en fantasía
creadora
de mitos y embriagada
de
ventanas que nunca se abrirían
Te
sentí mujer
amante,
amada
amazona,
druida
Te
compartí humana
en
los amplios pasillos de las pesadillas
con
sus tropelías de invierno
e
indiferencias del resto del año
Bebimos
de la misma copa;
morí
mil veces sin morir
y
tu despertaste en Narnia
...
Encontré
tus recuerdos manuscritos
en
cuadernos olvidados como mi memoria.
Leyéndolos
escucho el rumor de la ciudad,
que
odiamos y amamos por asesinarnos cada día,
Como
fragmentos agolpados se presentan tus imágenes.
Hay
materias impregnadas con tu nombre,
la
melodía del viento,
la
tierra mojada,
el
marcapáginas y las letras
la
verde Erín
el
sabor de poesía
tus
ventanas y tus puertas cerradas,
tu
vino blanco,
los
apocalipsis de tus sueños.
Sigo
respirándote en tu guarida de libros
/
tu segundo hogar /
A
veces puedo acariciar nuestra despedida,
Repetirme
las palabras,
que
nunca suenan igual
Ahora
sé que esperamos el día correcto,
cuando
un dios nos dio la tregua
y
las nubes lloraron conmigo.
Al
principio no sabía qué hacer para
enajenarme
de mi cadáver a cuestas
y
esconderme de mi endriago reflejo
pero
comprendí la tortura en la burbuja
cuando
el limbo
te
dejó preguntar por mí.
...
Quien afirma que te he
perdido, no se imagina los grabados debajo de mi piel, que son
visibles en las noches de lluvia, ceniza y miel, cuando Erín sonríe
y cuando me asalta el pensamiento de que la muerte no es la última
distancia.
(De cifras y lunas - a Gabriela Navassi)


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