El omnipresente


(cuento)

Dios vagaba en las extremidades de un perro al que alguien le había sacado un ojo; travesuras de osados jóvencitos. Se quejaba, le dolía, se arrastraba pidiendo una mirada. Posiblemente dios abandonó esa piel cuando el sarnoso animal expiró desangrado sobre el asfalto después de haber sido lanzado por un auto; su visión no era la óptima cuando intentó cruzar la calle.

Un niño de nueve años vio a dios con sotana. Al principio dios era inspirador hasta que le pidió que se desnudara después de la misa y lo masturbara para gloria del cielo. El chico se suicidó tras 20 años de culpa y complejos. El vocero de aquella excelentísima institución, en la que el 66.4 por ciento de la población de algunos países confía, sobre los partidos políticos -a distancias luz de la separación Iglesia-Estado-, aseguró: “Total, este problema es más frecuente en los propios hogares”.

Una mujer vio a dios en su casa tras haber regresado del hospital por la paliza que le propino su marido. En la sala de urgencias le curaron las heridas visibles, pero las patadas destrozaron el bazo; claro no las patadas en sí, sino la costilla que lo perforó. Ella juró, antes de morir en su sala, que dios entró por la puerta, parecía enojado.
Una noche una madre encontró a su hija viendo un programa en el que dos hombres se besaban en los labios, la imagen era como cualquier otra, un simple beso. Visiblemente preocupada, la mujer le dijo a la pequeña: “deja de ver eso, te vas a enfermar”. Muchos creen que la maldad en el ser humano viene de fuera, si se defiende la pureza de este desde el alumbramiento. Con esa premisa se podría plantear entonces ¿cuan contaminado estará dios si puede verlo todo? Algunos replicarán: “pero él es dios”, a lo que se podría recordar: “y nosotros a semejanza de él".
Una jovencita recibió ocho millones por haberse acostado con un viejo obeso, que salvo por cinco centímetros sería completamente calvo y que tenía un sonrisa diabólica, muy parecida a la de dios. La intimidad de la gente es muy de ella, y si dios es la distancia entre una persona y la otra, entonces se le podría acusar de voyerista. Al fin de cuentas, el primer ministro es un cínico, y la chica, negociante.

Alguna gente afirma que gracias a dios existen entretenimientos “baratos” como la televisión y que gracias al susodicho se mueven narcotraficantes en el mundo para que protagonicen no solo el éxito televisivo de las noches, sino también las notas sangrientas de los diarios y hasta la lista de los más ricos del mundo de la revista Forbes. Si a los 34 mil 200 muertos que ha dejado ese comercio turbio, quizá más que otros legales, se les hubiera preguntado qué opinaban de dios unos instantes antes de quedar tendidos, de seguro hubiesen respondido, resignados: “Así lo quiso él”.

Alguien aseguró haber visto una fotografía de dios. Sí, dijo el buen hombre, lo vi. ¿Podría describir aquella imagen? Bueno, ya hace tantos años de eso, pero sí, sí podría. El tipo intentaba recordar cada detalle, o eso era lo que aparentaba mientras se acariciaba la barbilla. Era... cómo le explico. Usted sabe, cuanta idea loca se tiene de dios, que tez blanca, casi verde, con barba, de cabello castaño o hasta rubio y ojos claros, como esos racistas de mierda que ahora suponen que cualquiera que cruza la frontera es un asesino, ladrón o usurpador de trabajo, bah!..., pues no, no era así, de eso estoy seguro. Tampoco se podría decir que es un tipo moreno, alto y de mirada penetrante y facciones duras, y definitivamente tampoco es un chaparro, cero a la izquierda, para nada; ni tampoco tenía ningún rasgo asiático, usted sabe, piel amarilla. ¿Entonces, cómo era esa fotografía? Bueno, hace tanto de eso... espere, ahora me viene. Sí, sí, dios era de un tono gris y no era masculino precisamente, usted sabe, como un termino medio, sin ofender a nadie. Era un tipo indescriptible... pero eso sí, tenía una mirada hermosa, usted sabe, como la de los ciegos.

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