Sechs
Ya
no queda lágrima
ni
baile ni ternura
Por
ti se cuestionó al dios, al hombre
al
niño, al ángel,
al
genio, al loco, que son lo mismo.
Con
tu nombre conocí a la tristeza
como
susurro de espanto
de
saberla cierta.
Recuerdo
cómo todos te van perdiendo
en
las horas, en los labios que te recuerdan
sin
adivinar tu imagen.
Mil
años después, siempre ocultas
un
lado de tu rostro
un
verso de tu vida
y
el beso de tu muerte.
...
Te
dibujo el rostro ensangrentado
por
las lágrimas que no bebiste
porque
Ella te llamó temprano.
Te
besó, te maldijo a los ojos de los hombres,
consagraste
un recuerdo de niño viejo.
Hay
un altar en cada dedo que ya no baila
con
ángeles tatuados de odio.
Se
respira melancolía en las paredes del olvido,
que
son azules y divinas porque
eres
un fantasma de secretos
espinas
y
caprichos.
Ella
tembló al robarte, eras un dios
entre
vástagos ahogados por la vida,
siempre
inmortal, etéreo, murmullo de nada,
eres
nostalgia imperfecta de
un
frágil ser andrógino desnudo.
Te
delineo el perfil, mas lo sigo encontrando
en
penumbra, pues espero que estés muerto
y
no cansado.
...
.
Te
vi espectro y hablé contigo
te
vi sentado, caminando, hablándome, sonriendo,
pidiéndome
tiempo acortado con palabras,
pero
ya no bebiste mis últimas sílabas.
Me
mostraste cómo se baila con la muerte
cómo
se besan los recuerdos
y
se encierran las lágrimas
en
cajitas de miseria, de tierra y olvido.
Te
vi en el espejo, en el rasgo de mis ojos
y
en el bordillo de mis labios me dijiste:
-Vete,
si olvidas, no pasa nada.
...
Entre
todos no fuiste sueño,
sino
duda, rabia.
Te
recuerdo en cada muerte
de
niño y en cada sonrisa triste,
en
cada tango,
en
fotografías negras
en
retazos de vidas
que
no construyen
un
segundo de tu mirada.
...
Hago
un esfuerzo para evocar aquel día,
pero
solo consigo
todo
lo triste de los días grises
un
silencio violado y un tiempo lento,
un
cuerpo vacío y una caja absurda,
el
barro y el adiós abrupto
los
rasguños, las heridas, las huellas,
las
interrogantes sin respuesta.
En
las jornadas siguientes
había
sombras en todas partes,
la
culpa y su filo
decapitaban
medias verdades.
...
No
pude verte dormido. Espero que tus sueños ahora
no
sean tan perversos como tus realidades y tu demencia.
(De cifras y lunas)



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